jueves, 19 de mayo de 2016

Cuando se juntan dos desastres

Esta es la historia de la chica que nunca quiso ser princesa. Odiaba ser la antagonista de una novela cuyo argumento siempre se le volvía en contra. Así que, leía. Se conformaba con ser mera espectadora de cualquier historia que no fuese la suya. Se sumergía en universos de papel que convertía en salidas de emergencia que acababan por llevarla a ninguna parte.

Renegaba de los poetas. De aquellos que le prometieron la Luna antes de dejarle el corazón lleno de heridas. Y bailaba. Se movía de puntillas con el viento al compás de una balada triste de trompeta y se agarraba a cualquier cintura que fuese capaz de adaptarse a su frecuencia.

Estaba cansada de arriesgar. De lanzar la moneda al aire y que le partiesen la cara cada vez que salía cruz. De tener un corazón de piedra y sentimientos de papel en un mundo lleno de tijeras.

Se derrumbaba de espaldas al mundo cuando huía de unos complejos que solo ella era capaz de ver. Dibujaba corazones rotos en el espejo con su barra de labios porque se había cansado de buscar príncipes y de que todos se convirtiesen en rana. Y soñaba, en silencio, porque un día le dijeron que es inevitable estrellarse contra el suelo cuando quieres volar por encima de las nubes.

Y sin embargo, un día conoció a alguien capaz de mantenerle en pie cuando todo a su alrededor amenazaba con estallar en mil pedazos. Le entregó su corazón lleno de parches con la esperanza de no tener que volver nunca a recoger los trozos del suelo.

Y ese día lloró.
Y él también lloró con ella.
Y se hicieron la promesa
de que la próxima vez
que naufragasen
sería entre sus brazos. 

Porque enamorarse, al fin y al cabo, es un juego de valientes. Es todo ese riesgo que corres cuando te enamoras de un desastre.
Pero cuando dos desastres se encuentran, ¿qué puede salir mal?

martes, 13 de octubre de 2015

Contigo quiero ser.

Seré breve: primero fue el desastre y entonces llegaste tú. No se me ocurre mejor forma de resumir esta historia. Que he reído contigo, que también he llorado sin ti. Que la vida me ha enseñado que solo sobreviven al abismo aquellos que se atreven a ser funambulistas para bailar con huracanes sobre una cuerda, floja, de esperanza. Así fue pues, como descubrí que hasta en la noche más fría de febrero se puede dar la vuelta al mundo con un beso y acabar en el Trópico equivocado.

Contigo recordé que andar hacia delante no implicaba dar dos pasos hacia atrás para tropezar, de nuevo con esa montaña de piedras que son los recuerdos. Que sobre el desamor, o como dejar de sentir cosas por alguien a marchas forzadas, ya tenemos demasiadas páginas escritas en forma de cicatrices a nuestras espaldas.

Contigo quiero ser la paradoja de cortarnos las alas para tocar el cielo con las manos, mientras el resto del mundo se pregunta desde abajo como demonios sobrevivimos cuando no teníamos a nadie más que nosotros mismos.

Contigo, simplemente, quiero ser. Abrazarte cuando estés triste. Mirarte hasta que sonrías y apartes la mirada o escondas la cabeza entre mis brazos. Besarte, como solo son capaces de besarse aquellas personas a las que la realidad todavía no les ha partido los labios en mitad de una tormenta.


No sé si contigo podré ser todo eso algún día, pero lo que sí sé es que, por lo menos, habrá merecido la pena intentarlo. Porque si de algo tenemos derecho, es a equivocarnos de nuevo.

...


Quiero darle las gracias (de nuevo) a mi amiga Clara. No dejéis de visitar su blog: http://lalenguaquemecomioelgato.blogspot.com.es/. 

Sin ella, este bonito vídeo (y quizás este texto) jamás habrían visto la luz:


jueves, 6 de noviembre de 2014

Punto y aparte.

Sabes que es el final, cuando te quedas sin versos. Sabes que es un comienzo, cuando ya no duelen sus besos. Cuando tus palabras ya no dicen lo que la razón grita. Cuando ya nada quema porque el corazón se enfría. Sabes que es el fin, cuando amaina la tormenta. Cuando el temporal se vuelve brisa. Cuando las lágrimas se convierten en risa. Así es la vida, que va deprisa. Sabes que arriesgarse es hermoso, y a la vez letal. Que hasta el sentimiento más puro es intenso pero frágil como el cristal. ¿Qué me dices del placer de poder olvidar y mirar a los ojos a la realidad? ¿Qué hay de esas musas que te impedían estar vivo cuando todas tus excusas se convertían en motivos? Se marcharon con el invierno, que cuando se torna tierno derrite poco a poco el hielo. Despierta: deja que el drama deje tu cama para escaparse por la ventana. Recuerda: olvida. Y escucha, que ser feliz está en los matices: en ponerle mil colores a tu escala de grises. Porque al sumar las heridas y restar las cicatrices, si divides entre dos, solo quedan momentos felices. Y es que en esta locura que todo lo cura ambos tenemos parte de culpa: suena paradójico pero todo parece más lógico cuando me contradigo, no sé si me explico. Porque al final te quedas con las cosas buenas, mientras que las penas se desvanecen y vuelan; aunque estas rimas, en el fondo, todavía duelan.

Por suerte, este es el último dolor que ella me causa, y estos los últimos versos que yo le escribo.